La tensión social crece y el 7 de junio de 1640 un pequeño incidente, en el que es herido un segador, sirve de detonante de la revuelta. Centenares de segadores entran en Barcelona y se concentran delante de la casa del lugarteniente, el conde de Santa Coloma; después saquean casas de funcionarios reales. Por la tarde, se extiende la falsa noticia de la muerte del consejero tercero de Barcelona y la ciudad se amotina. Tres mil hombres asaltan las Atarazanas; el lugarteniente es muerto mientras huye hacia Montjuïc. Los sublevados toman la ciudad durante tres días. La revuelta se extiende a Tortosa, Mataró, Vic y Girona.