Desde enero de 1640 las villas de Cataluña tienen que alojar a 10.000 soldados reales. Las exigencias y los abusos de la soldadesca generan una auténtica espiral de violencia. Los actos de represión indiscriminada y los choques entre campesinos armados y soldados son cada vez más frecuentes. Los campesinos entran en villas y ciudades y provocan disturbios. El conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, ordena el encarcelamiento de dos consejeros de Barcelona y del diputado de la Generalitat Francesc de Tamarit. El 22 de mayo son liberados, junto con otros presos, por dos mil campesinos armados que entran en Barcelona.