La gran nobleza catalana se asimila mediante matrimonios con los grandes de España. La Iglesia sigue un proceso paralelo. Los obispos, de nombramiento real, son a menudo castellanos y los monasterios más importantes y con más rentas están vinculados a la provincia castellana de su orden y son ocupados por monjas y monjes castellanos. La pequeña nobleza catalana no tiene muchas alternativas: ni la carrera política o militar ni la empresa americana están a su alcance. Los hijos no primogénitos ocupan cargos menores dentro de la Iglesia. La crisis de la nobleza provoca bandos y tensiones irreversibles con el campesinado.