Durante la Segunda Guerra Púnica, en el 218 a.C., el ejército romano desembarca en la ciudad aliada de Empúries. Finalizada la guerra, los romanos permanecen en la Península Ibérica y organizan su explotación. Para ello crean una estructura territorial (la provincia) e imponen un sistema fiscal. Las diversas sublevaciones indígenas, a principios del siglo II a.C., son reprimidas.
Empieza la romanización del territorio. Las ciudades indígenas sufren un proceso de progresiva aculturación. Numerosos colonos procedentes de la Península Itálica y del Mediterráneo helénico se instalan en Hispania. Se asientan las bases de la sociedad hispano-romana. La cultura latina se arraiga y deja una huella imborrable.