El desarrollo de la energía eléctrica impulsa una renovación a fondo de la industria catalana, favorecida por la neutralidad en la Primera Guerra Mundial. La expansión del sector textil corre paralela a la diversificación industrial y a las nuevas necesidades generadas por la electrificación y la revolución de los transportes. El desarrollo de los sectores químico, de la construcción, metalúrgico, alimentario y papelero ponen de manifiesto la vitalidad alcanzada por la economía catalana. La incorporación de la mujer catalana al trabajo es otro factor decisivo en el crecimiento económico del país.