Desde 1870 funcionan en Cataluña pequeñas centrales eléctricas que utilizan agua o vapor. Los usos industriales y de alumbrado, progresivamente ampliados, generan compañías más grandes, a menudo con capitales extranjeros y la construcción de las primeras centrales térmicas. En los años veinte, la construcción de líneas de alta tensión abarata los costes de traslado de la energía eléctrica y permite la utilización a gran escala de los recursos hidráulicos. La Barcelona Traction, Light and Power, la Canadenca, construye las centrales de Tremp, Camarasa y Seròs, y domina la producción y distribución eléctricas.