A principios del siglo XX Barcelona es la sede financiera más importante del Estado español. Las pequeñas bancas familiares dominan el panorama financiero. El Banc de Barcelona lleva a cabo una actuación conservadora con una política de créditos restrictiva. Pero a partir de 1912 especula con divisas y la caída del franco le aboca a la suspensión de pagos. Las quiebras del Banc de Terrassa en el año 1920 y del Banc de Catalunya en 1931 consuman la crisis de la banca del país. El capital español se instala en Cataluña y las iniciativas del capital extranjero la alejan de los centros de decisión económica.