Las fuerzas obreras, armadas, persiguen a los simpatizantes del golpe militar. Se queman iglesias y se confiscan fábricas. La legitimidad de la Generalitat se mantiene, pero esta no puede garantizar el orden. Las organizaciones sindicales y políticas crean el Comitè Central de Milícies Antifeixistes y organizan un ejército popular. La primera columna, al mando de Buenaventura Durruti, marcha hacia Aragón el 23 de julio con tres mil milicianos. A finales de septiembre, Lluís Companys forma un Consejo de la Generalitat y disuelve el Comité Central. Miles de mujeres se unen a la resistencia antifascista.