Los días 18 y 19 de julio, la insurrección militar iniciada en África se extiende por la guarniciones peninsulares con un resultado desigual. Los militares rebeldes fracasan en la mayor parte del territorio, que incluye las grandes ciudades y los centros industriales, pero triunfan en Castilla la Vieja, León, Galicia, Oviedo, Álava, Navarra, Cáceres, Andalucía occidental, Mallorca y las Pitiusas. En las ciudades catalanas las fuerzas de orden público y los militares anarcosindicalistas detienen la insurrección.