Los empresarios desaparecen en los primeros días de la revolución. Algunos son asesinados, otros huyen. La necesidad de restablecer la producción industrial genera, de manera espontánea, el proceso de colectivización y el control obrero de las empresas. La Generalitat legaliza el proceso con un decreto promulgado el 24 de octubre de 1936 e improvisa una industria de guerra. Las discrepancias surgen pronto y el enfrentamiento de mayo de 1937 segrega las fuerzas republicanas.