El Institut d'Estudis Catalans se configura como la institución central del mundo cultural catalán. Nace en 1907, por iniciativa de la Diputació de Barcelona, con el objetivo de "fundar aquí centros de estudios científicos concretamente especializados y destinados, no tanto a la enseñanza, como a producir ciencia y facilitar las investigaciones. En los años siguientes, el IEC crea las diversas secciones científicas. La Sección Filológica, bajo el impulso de Pompeu Fabra, tiene un papel decisivo en la fijación del catalán normativo.