Judíos y sarracenos son minorías marginadas en las ciudades medievales. En ciudades y villas como Barcelona, Girona, Puigcerdà, Tortosa y Lleida la comunidad hebrea vive agrupada en juderías que disponen de servicios propios: sinagoga, carnicería, casa de beneficencia, notaria y cementerio. La mayoría son artesanos, pero también destacan en oficios especializados. La población urbana sarracena, en cambio, desaparece pronto de las ciudades de la Cataluña Nueva y se traslada a las zonas rurales o a ciudades de Valencia y Aragón, donde la población de origen andalusí se agrupa en barrios segregados o morerías.