El crecimiento urbano modifica la estructura de villas y ciudades. Se construyen muros defensivos para proteger las nuevas ciudades. Al lado de flamantes templos y palacios se edifican de forma caótica un gran número de viviendas, que configuran un entramado de calles estrechas, oscuras y laberínticas. La mayoría de los edificios son viviendas de artesanos que se agrupan en calles según los oficios. Las ciudades disponen de servicios públicos, como fuentes y alcantarillado, y de instituciones de asistencia, hospitales y casas de beneficencia. Los consejos municipales intentan ordenar y reglamentar la vida urbana, tutelados por los monarcas.