Durante el siglo XIII se crean las máximas instituciones del gobierno de Cataluña: las Cortes y la Generalitat. Su existencia se extiende hasta el Decreto de Nueva Planta (1716). La tendencia hacia el autoritarismo real encuentra un eficaz freno en la práctica y la institucionalización del pacto. En función de este principio, el gobierno de los monarcas no puede basarse en un ejercicio despótico del poder, sino en el diálogo y el consenso con los estamentos que representan los prohombres de la tierra: el brazo eclesiástico, el militar o nobiliario, y el popular, o de las ciudades, villas y lugares libres.
El campesinado, que incluye a la inmensa mayoría de la población, no tiene representación directa y es representado por sus señores. Las Cortes se convierten en un escenario de consenso, y éste se concreta en la promulgación de constituciones o leyes. La Diputación del General o Generalitat, representación permanente de los estamentos, vela por el cumplimiento de los acuerdos.